«¿Alguien está mirando lo del ordenador de contabilidad?»
Una empresa con departamento de informática propio pedía las averías por correo, por teléfono y parando a la gente por el pasillo. Nadie sabía qué había pendiente, quién lo llevaba ni desde cuándo.
El punto de partida
El equipo técnico no tenía un problema de capacidad: tenía un problema de visibilidad. Las peticiones llegaban por cuatro vías distintas, se apuntaban en libretas y correos, y las urgencias reales competían con las de quien más insistía.
Los síntomas eran los de siempre: cosas que se olvidaban, trabajo duplicado porque dos técnicos atendían lo mismo, y una dirección que no podía responder a la pregunta más básica —¿cuánto tardamos en resolver una avería?— porque no había ningún dato.
Qué construimos
Un sistema de gestión de incidencias a medida, ajustado a cómo trabajaba ya ese equipo en lugar de obligarles a cambiar sus hábitos:
- Una única puerta de entrada para los avisos, de modo que nada dependa de que alguien se acuerde.
- Clasificación y prioridad desde el momento en que entra: no es lo mismo una impresora que un servidor caído.
- Un responsable asignado a cada incidencia. Sin dueño, no hay avance.
- Seguimiento del estado hasta el cierre, con histórico de qué se hizo.
- Datos para dirección: qué se repite, qué tarda más y dónde conviene invertir.
Qué pasó
El cambio más inmediato no fue de tiempos, fue de tranquilidad: por primera vez existía una lista única y fiable de lo pendiente. Se acabó el «creo que ya lo miró alguien».
El segundo efecto llegó con los datos: al ver qué incidencias se repetían una y otra vez, se pudo atacar la causa en vez de la avería. Ahí es donde un sistema así deja de ser una lista de tareas y empieza a ahorrar dinero.
Qué aprendimos
Que lo aburrido es lo rentable. Este proyecto no lleva inteligencia artificial en su núcleo, y aun así es de los que más orden ha traído. No todo se arregla con IA: a veces lo que falta es simplemente un sitio donde mirar.
Que la herramienta debe adaptarse al equipo, no al revés. Habíamos visto a esta empresa intentar usar antes soluciones estándar que abandonaron: pedían demasiados pasos para abrir un simple aviso. Cuando registrar una incidencia cuesta más que resolverla, nadie la registra.
Que medir cambia el comportamiento. Desde que hubo tiempos visibles, el propio equipo empezó a cuidarlos, sin que nadie se lo pidiera.
Otros proyectos
Cada proyecto empezó con una conversación de 30 minutos en la que alguien nos contó su problema con sus palabras. Si el tuyo se parece, el primer paso es gratis y sin compromiso.
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