«Nuestros datos están en programas que no se hablan entre sí»
Es la frase que más repiten las empresas con algunos años a sus espaldas. Y detrás casi siempre está el mismo miedo: que arreglarlo signifique cambiar de programa y empezar de cero.
El punto de partida
El grupo tenía cada cosa en su sitio: la contabilidad en su ERP, los clientes en su CRM, la formación en su plataforma, la web por otro lado. Cada programa funcionaba bien por separado. El problema aparecía al intentar responder preguntas que cruzaban dos sistemas —qué campaña trajo a los clientes que más facturan, por ejemplo—: había que exportar, cuadrar a mano y rezar.
Y la conclusión a la que llega mucha empresa en este punto es la equivocada: «habrá que migrarlo todo a un sistema nuevo». Migrar es caro, es largo y es arriesgado. Casi nunca hace falta.
Qué construimos
Conectores a medida entre los sistemas existentes, sin tocar ninguno de ellos. La parte interesante es que no todos los programas se conectan igual:
- Donde había API —plataformas web, entornos de formación—, integración directa y estable.
- Donde no la había —el caso típico de a3 o Sage—, automatizamos el circuito de importación y exportación de ficheros que estos programas sí permiten.
- Solo lectura primero. Empezamos leyendo datos, nunca escribiendo. Es más barato, más seguro y permite ganar confianza antes de dar más permisos.
- Avisos si algo falla. Una integración que se rompe en silencio es peor que no tenerla.
- Y encima, la IA: con los datos accesibles, poder preguntar en lenguaje normal y obtener respuestas cruzando fuentes.
Qué pasó
El resultado que más valoró el cliente fue el que no aparecía en el presupuesto: cero migraciones. Nadie tuvo que aprender un programa nuevo ni mover datos históricos. Cada equipo siguió trabajando exactamente igual, y los datos empezaron a viajar solos por detrás.
El segundo efecto fue de tiempo: informes que exigían un día de cuadrar hojas de cálculo pasaron a estar disponibles cuando se necesitaban.
Qué aprendimos
Que «no tiene API» no significa «no se puede». Significa que hay que trabajar de otra forma y que costará algo más. Es la objeción más frecuente que nos ponen los despachos con a3, y casi siempre tiene solución.
Que empezar en solo lectura ahorra disgustos. Un sistema que solo lee no puede estropear nada. Cuando lleva meses acertando, ya se decide si escribe.
Que el valor no está en la conexión, está en la pregunta. Conectar sistemas es un medio. Lo que cambia el negocio es poder responder preguntas que antes eran demasiado caras de responder.
Otros proyectos
Cada proyecto empezó con una conversación de 30 minutos en la que alguien nos contó su problema con sus palabras. Si el tuyo se parece, el primer paso es gratis y sin compromiso.
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